Soy de hablar. De hablar por la mañana, a mediodía, por la tarde, por la noche. De hablar de esto y aquello, delante de un café, de pie en la calle, en casa de una amiga, en una cena. Sobre cosas trascendentales (pocas) o sobre lo más mundano. No tengo mesura. No puedo evitar encadenar un tema con otro. Hablando de A, me acuerdo de B, C y D, y espérate que estas letras no tengan otras ramificaciones.
Hasta ahora la cosa ha ido bien, creo. Pero me da miedo el futuro.
De todos es sabido que a la vejez, viruelas. Y que cuando más yayo eres, más batallitas cuentas y más importante y narrable te parece la compra del pan del día. Que recortas artículos del periódico para poderlos comentar después con el familiar de turno. Que lo que te cuenta tu sobrino te parece igualito igualito que lo que te pasó a ti, y se lo haces saber con pelos y señales. Que aquella anécdota tan buena del camión que iba para Murcia viene al caso y si no la cuentas, revientas. Que cuando te encuentras a una vecina de tu quinta en el portal, explicarle la última boda a la que fuiste hará que tu familia se preocupe por tu paradero.
Cierto es que se da más en las mujeres que en los hombres (a mi abuela y mi madre me remito). Y cuando me convierta en una máquina de hablar sin botón de OFF, prevenidos estaréis.
Por eso me sorprendió una conversación de dos sesentonas en el autobús, cuando una le preguntó a la otra:
-"¿Y al final, para cuándo te han dado hora en el médico?" (apréciese que es un tema recurrente en el otoño de la vida)
-"Pues mira, no te lo vas a creer", contestó la amiga. "Resulta que llamo al médico y me pasan con la chica que ya me había atendido la otra vez, que es muy simpática...."
En este preciso instante, la señora hizo una pausa.
Quizás se dio cuenta de que se había convertido en una máquina de hablar sin botón OFF, o quizás pensó que se pasaría de parada, pero sus siguientes palabras, sin más florituras, fueron:
-"El miércoles."
Y es que es así. Ésta era la respuesta que su amiga pretendía. Aunque a mí me hubiese gustado mucho saber qué le pasó cuando llamó al médico y le pasaron con la chica que ya le había atendido la otra vez, que es muy simpática.
Hasta ahora la cosa ha ido bien, creo. Pero me da miedo el futuro.
De todos es sabido que a la vejez, viruelas. Y que cuando más yayo eres, más batallitas cuentas y más importante y narrable te parece la compra del pan del día. Que recortas artículos del periódico para poderlos comentar después con el familiar de turno. Que lo que te cuenta tu sobrino te parece igualito igualito que lo que te pasó a ti, y se lo haces saber con pelos y señales. Que aquella anécdota tan buena del camión que iba para Murcia viene al caso y si no la cuentas, revientas. Que cuando te encuentras a una vecina de tu quinta en el portal, explicarle la última boda a la que fuiste hará que tu familia se preocupe por tu paradero.
Cierto es que se da más en las mujeres que en los hombres (a mi abuela y mi madre me remito). Y cuando me convierta en una máquina de hablar sin botón de OFF, prevenidos estaréis.
Por eso me sorprendió una conversación de dos sesentonas en el autobús, cuando una le preguntó a la otra:
-"¿Y al final, para cuándo te han dado hora en el médico?" (apréciese que es un tema recurrente en el otoño de la vida)
-"Pues mira, no te lo vas a creer", contestó la amiga. "Resulta que llamo al médico y me pasan con la chica que ya me había atendido la otra vez, que es muy simpática...."
En este preciso instante, la señora hizo una pausa.
Quizás se dio cuenta de que se había convertido en una máquina de hablar sin botón OFF, o quizás pensó que se pasaría de parada, pero sus siguientes palabras, sin más florituras, fueron:
-"El miércoles."
Y es que es así. Ésta era la respuesta que su amiga pretendía. Aunque a mí me hubiese gustado mucho saber qué le pasó cuando llamó al médico y le pasaron con la chica que ya le había atendido la otra vez, que es muy simpática.

2 comentarios:
Me gusta!! :-)
Y tú a mí!
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