martes, 6 de octubre de 2009

Iré al infierno por esto


Cuando estoy de turista visito bastantes iglesias, algo que reconozco que me gusta. Ojalá supiera más de arquitectura y de arte para valorar mejor cómo están hechas y su simbolismo, pero siempre da pereza ponerse con el libro de Historia del Arte de editorial Anaya.

Bueno, pues estén vacías o llenas por alguna celebración, siempre hay alguien rezando profundísimamente: de rodillas, con los ojos cerrados, con el crucifijo entre las manos.... Y a pesar de mi educación cristiana, no puedo entender esta devoción. Siempre he creído que si yo fuera hindú y me partiera el lomo diariamente recogiendo arroz, rezaría a quien hiciera falta por reencarnarme en un ministro. Pero dada nuestra calidad de vida (la del primer mundo, se comprende), el que reza con tantas ganas y tan escandalosamente me parece que:
a) Está pidiendo algo imposible, como que le toque la lotería o hacerse inmortal: no vale, todos podemos pedir lo mismo.
b) Ha hecho algo muy malo y está pidiendo perdón para sentirse mejor: no vale, cada uno que sea consecuente con sus actos.

No sé, respeto todas las creencias y los rezos personales, pero esto me parece exagerado:

Fotito tomada en Notre Dame hace un par de semanas. Y os aseguro que el tipo no estaba haciendo la ola a destiempo...

No hay comentarios: